Archivo - El expresidente de Bulgaria Rumen Radev. - Marcus Brandt/dpa - Archivo
MADRID, 18 Abr. (EUROPA PRESS) -
La población de Bulgaria está llamada este domingo a las urnas para votar en unas elecciones legislativas clave en las que la coalición del expresidente del país Rumen Radev, de perfil prorruso, parte como favorita para ganar una contienda con la que el país busca cerrar un capítulo de profunda inestabilidad política.
En las que son ya las octavas elecciones en tan solo cinco años, convocadas de forma anticipada tras otro fracaso en las conversaciones para formar gobierno, los búlgaros, que parecían haber hecho del atasco político su norma, tienen en su mano la posibilidad de dejar atrás la henchida fragmentación política.
La última crisis política se vio desencadenada a raíz de la dimisión del ex primer ministro Rosen Zheliazkov tras sus infructíferos intentos de aprobar unos presupuestos que incluían una subida de los impuestos y que derivó en fuertes manifestaciones.
Su efímero gabinete en minoría logró, por contra, que prosperaran las negociaciones de Bulgaria para unirse a la moneda única de la Unión Europea, otorgando al país voz en las decisiones sobre la política monetaria de la eurozona, pero acabó dejando el Gobierno en manos de aliados políticos impopulares, considerados por los manifestantes como la cara visible de la corrupción y el secuestro del Estado.
Posteriormente, el Gobierno interino de Andrei Giurov asumió el cargo con la idea de preparar unas "elecciones justas" para este 19 de abril, si bien dijo "no prometer milagros, reformas exprés, ni puntos de inflexión históricos". Con estas afirmaciones, buscaba despejar toda duda sobre un posible fraude electoral, una cuestión que ha asegurado que está totalmente descartada pero que empañó la anterior cita con las urnas.
Ahora, las encuestas sobre intención de voto sitúan a la coalición de Radev --que dimitió en enero como presidente a tan solo escasos meses de la celebración de los comicios-- como principal favorita para hacerse con la victoria en estas legislativas. De esta forma, la coalición de centro-izquierda Bulgaria Progresista podría obtener el 33,2% de los votos, por delante del conservador GERB, del veterano ex primer ministro Boiko Borisov, que se haría con cerca del 20% de los apoyos.
La mayoría de estos sondeos, que dan al menos diez puntos porcentuales de ventaja al que fuera expresidente, sitúan en tercer lugar a la coalición PP-DB y en cuarto lugar al Movimiento por los Derechos y las Libertades --que cuenta con apoyo entre las minorías étnicas que residen en el país--.
Tras su dimisión como presidente, el propio Radev hizo un repaso por los últimos años de política búlgara y los desafíos existentes. Además, instó a la unidad de un pueblo que ha experimentado "crisis encadenadas" y "obstáculos", incluidas las masivas protestas de 2025.
El político, que muchos creen que pasará a convertirse en el Viktor Orbán de Bulgaria, se ha mostrado crítico con las élites, tiene 62 años, fue comandante de las Fuerzas Armadas y llegó a convertirse en un destacado militar. Durante su periodo como presidente, entre los años 2017 y 2026, mantuvo diferencias significativas con Borisov, uno de los políticos más influyentes del país, al que recriminó en varias ocasiones mantener una postura "tolerante" con la corrupción en el que es el país más pobre de la Unión Europea.
Sin embargo, dada la configuración actual del panorama político búlgaro y los posibles bailes de apoyos, Radev tiene casi imposibilitada la tarea de formar un gobierno en solitario. Así lo ha secundado José Manuel Corrales, profesor de Economía, Empresa y Relaciones Internacionales en la Universidad Europea. "Si Radev gana, no gobernará en solitario. Aunque quede primero, necesitará pactos en un Parlamento muy fragmentado. El escenario más probable es un Gobierno débil, apoyado en acuerdos puntuales, no una mayoría sólida", ha aseverado en declaraciones a Europa Press.
Corrales ha explicado que, en materia de política exterior, su llegada sí supondría un cambio de tono: "Radev ha sido crítico con el envío de armas a Ucrania, con las sanciones a Rusia y con la rapidez de la integración europea, incluida la entrada en el euro". "No sacará a Bulgaria de la UE ni de la OTAN, pero sí podría convertirse en un actor incómodo, más cercano a posiciones pragmáticas hacia Moscú en un momento de máxima tensión en Europa", ha sostenido.
UNAS ELECCIONES DIFERENTES
Para el experto, estas elecciones sí son distintas porque, por primera vez, se ve un posible y claro ganador en las encuestas, una situación que no se había dado en anteriores procesos. "La nueva coalición Bulgaria Progresista (compuesta por tres partidos políticos) ronda el 30-32% del voto, muy por delante del partido conservador GERB", ha destacado.
En este sentido, ha hecho hincapié en que "Bulgaria se juega salir del bucle de inestabilidad que arrastra desde 2021". "Recordemos que ha tenido siete gobiernos y ninguno ha durado más de un año. En términos económicos, esta parálisis ha provocado retrasos en reformas, mala absorción de fondos europeos y una caída continuada de la confianza ciudadana. No es casualidad que Bulgaria siga siendo el país más pobre de la UE, con un PIB per cápita en torno al 65% de la media europea", ha insistido.
Para él, la fragmentación que atraviesa la política búlgara es "estructural"; combina un "sistema de partidos débil, una corrupción endémica y una profunda desconfianza institucional". Según Transparencia Internacional, es junto a Hungría el país peor valorado de la UE en percepción de corrupción.
Una de las principales claves podría estar, precisamente, en que "cada elección castiga al Gobierno anterior y premia a nuevos actores, pero ninguno logra consolidarse", tal y como ha detallado Corrales. "Esto genera partidos personalistas, coaliciones artificiales y gobiernos muy frágiles. Además, el sistema electoral proporcional --con un umbral bajo, del 4%-- favorece la entrada de muchos partidos pequeños y hace casi imposible formar mayorías estables.
No obstante, Corrales no apoya la comparación de Radev con Orbán por "desacertada y desenfocada", dado que Radev cuenta con un perfil político de centro-izquierda y socialdemócrata y "no dispone del poder institucional ni el control mediático que Orbán construyó en Hungría durante más de una década". "Bulgaria está, además, políticamente mucho más fragmentada", ha aclarado.
"Dicho esto", sostiene, "podría seguir una estrategia similar en lo externo: bloquear consensos, adoptar un discurso soberanista y relativizar el apoyo a Ucrania". "Más que un Orbán búlgaro, sería un factor de fricción dentro de la UE, sobre todo en política exterior y energética", ha afirmado.
La carrera electoral desembocará, a todas luces, en un gobierno débil e inestable, por lo que el ganador tendrá que poner toda la carne en el asador para lograr pactos duraderos que permitan romper finalmente la deriva actual y evitar la repetición electoral el próximo otoño.