Publicado 30/03/2026 06:57

La SENEP alerta del aumento de niños con síntomas similares al trastorno del espectro autista por el abuso de pantallas

Experta aboga por una reducción "progresiva" del tiempo de uso de pantallas por niños para no generar ansiedad
Experta aboga por una reducción "progresiva" del tiempo de uso de pantallas por niños para no generar ansiedad - QUIRÓNSALUD

   MADRID, 30 Mar. (EUROPA PRESS) -

   La cocoordinadora del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), la doctora Begoña Huete, ha alertado de que "los niños que pasan largas horas frente a los estímulos digitales pueden mostrar una falta de respuesta al nombre, escaso contacto ocular y una preferencia por el aislamiento, que imitan a las conductas autistas", lo que va en aumento en los últimos años.

   "Esto debería hacernos conscientes de la importancia de educar a las familias sobre los riesgos de la digitalización precoz", ha indicado, en relación con el conocido como 'autismo digital', que no constituye una categoría diagnóstica oficial pero se traduce en menores con síntomas similares al trastorno del espectro autista (TEA) por el abuso de pantallas. Ello interfiere en los procesos más importantes del neurodesarrollo, relacionados con la interacción social recíproca.

   Con motivo de la celebración, este jueves, 2 de abril, del Día Mundial del Autismo, los profesionales han advertido de este incremento de casos en este sentido en las consultas de Neuropediatría. Ante ello, Huete defiende que distinguir entre un TEA de base neurobiológica y el impacto del abuso digital es fundamental.

   Según ha señalado, el cerebro infantil requiere de la interacción humana, del cara a cara, para aprender no solo el lenguaje expresivo, sino también la pragmática del lenguaje, la atención conjunta y la regulación emocional. "Cuando estos estímulos naturales son sustituidos por una pantalla, lo que vemos es un 'retraso' en el desarrollo de las áreas prefrontales que, afortunadamente, en muchos casos puede revertirse retirando las pantallas y a través de programas de estimulación", ha asegurado.

   En la misma línea se ha mostrado la Asociación Española de Pediatría (AEP), que recomienda la exposición cero a pantallas hasta los seis años; de una hora al día, como máximo, entre los siete y los 12; y de dos horas, incluyendo la jornada escolar, de los 13 a los 16; y siempre bajo la supervisión de un adulto.

CONDICIÓN DEL NEURODESARROLLO DE BASE NEUROBIOLÓGICA

   En cuanto a este trastorno, desde la SENEP han recordado que es una condición del neurodesarrollo de base neurobiológica, que se manifiesta fundamentalmente a través de dificultades persistentes en la comunicación social y en la interacción, así como por la presencia de patrones de comportamiento, intereses, o actividades restrictivas y repetitivas. En España, se estima que afecta a una de cada 100 personas, lo que implica una población de aproximadamente 500.000 personas.

   Además, tal y como ha indicado Huete, se ha producido un aumento progresivo de los diagnósticos durante las últimas dos décadas, incremento que no responde a un único factor etiológico, sino a una compleja interacción de factores clínicos, diagnósticos y sociales. "La transición desde los criterios del 'DSM-IV' al 'DSM-V', en 2013, supuso la fusión de categorías que previamente eran independientes, como el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado, bajo el paraguas único del TEA", ha explicado.

   Junto a ello, ha destacado la formación de los neuropediatras, que han perfeccionado su capacidad de observación clínica, lo que permite identificar signos que antes se atribuían a otros trastornos del aprendizaje o del lenguaje. "La mayor concienciación a nivel social también juega un papel clave y los padres y educadores están hoy en día más alerta ante las señales de riesgo, lo que ha reducido la edad media de sospecha, aunque el diagnostico final sigue estando en torno a los entre cuatro y cinco años", ha puntualizado.

   El encargado del diagnóstico es el neuropediatra, que realiza una evaluación multidisciplinar, que incluye la historia clínica detallada, la observación del comportamiento, y la exploración física y neurológica minuciosa, buscando estigmas cutáneos, rasgos dismórficos que sugieran síndromes genéticos, o alteraciones en el perímetro cefálico", ha continuado, para añadir que también "coordina la derivación a otros especialistas, como logopedas, psicólogos y terapeutas ocupacionales, asegurando un plan de acción coherente y basado en la evidencia".

DESIGUALDADES "INACEPTABLES" ENTRE COMUNIDADES AUTÓNOMAS

   Esta especialista ha puesto de relieve que la detección del TEA "es el principio de una etapa de acompañamiento". No obstante, la fragmentación administrativa de este proceso provoca "desigualdades inaceptables entre comunidades autónomas", de forma que cada región regula sus servicios con criterios, presupuestos y tiempos de espera diferentes, y donde la falta de recursos es una queja constante de las familias, ha mostrado.

   "A partir de los seis años se produce un vacío de recursos debido a la finalización de los servicios públicos de atención temprana, lo que puede dejar a las familias en situación de vulnerabilidad si no disponen de medios económicos para acceder a las terapias privadas", ha afirmado.

   Por último, ha remarcado que esta es una condición que acompaña a la persona durante toda su vida. "La administración de supuestos medicamentos, dietas extremadamente restrictivas, o de terapias de quelación o desparasitación carecen de evidencia científica" y "pueden ponen en riesgo la integridad física de los niños", ha zanjado.

   Ante ello, Huete ha puesto en valor la necesidad del reconocimiento oficial del Área de Capacitación Específica (ACE) en Neuropediatría, una demanda histórica para garantizar la excelencia en la atención y que permitiría estandarizar las competencias necesarias para el diagnóstico y seguimiento de trastornos complejos como el TEA, así como invertir en el futuro desarrollo y bienestar emocional de los niños y de sus familias.

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