Publicado 08/04/2026 04:45

Trib.Un afectado por el 'caso ataúdes': "Quién me asegura que no tengo mitad de cuarto de mi padre y la de otra persona"

Es la duda planteada ante el temor de que las cremaciones se realizaran de forma colectiva

Juicio por el caso ataúdes en la Audiencia de Valladolid.
Juicio por el caso ataúdes en la Audiencia de Valladolid. - EUROPA PRESS

VALLADOLID, 8 Abr. (EUROPA PRESS) -

El temor a que el grupo funerario El Salvador llegara a realizar cremaciones colectivas ha sido trasladado este miércoles al tribunal por una de las personas perjudicadas por el 'caso ataúdes', hasta el punto de que el testigo, Juan Pablo del M, aún no tiene certeza de que las cenizas recogidas pertenezcan realmente a su padre.

La declaración de Juan Pablo ante la Audiencia de Valladolid, por donde ha pasado este miércoles otra casi veintena de afectados, se ha centrado en los sepelios que concertó con el grupo funerario El Salvador tras la muerte de su padre, el 3 de junio de 2009, y de su madre, el 4 de octubre de 2012, cuyos velatorios se desarrollaron en el tanatorio, en el Camino del Cementerio, y luego su incineración en Santovenia.

El perjudicado, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha recordado que en el caso de su padre le llamó la atención el hecho de que las flores "estaban en muy mal estado", hasta el punto de que su esposa tuvo que ir a comprar una corona, y que fue años después cuando su hermano recibió una notificación del juzgado en la que se comunicaba que figuraban entre los afectados por el 'caso ataúdes'.

A este respecto, Juan Pablo ha calificado la conducta de los acusados de "execrable, una profanación" y ha confesado al tribunal las dudas que aún le mortifican. "Todo lo ocurrido me hace dudar sobre con qué respeto manejaron los cuerpos, quién me dice que no hacían cremaciones colectivas y quién me asegura que no tengo mitad de cuarto de mi padre y mitad de cuarto de otra persona", ha sentenciado.

Idénticas dudas las ha expuesto también Sheila R.C, hija de María del Carmen, muerta el 28 de marzo de 2004, cuando ha manifestado que ya tras la incineración de su progenitora y recibir la urna tuvo unas iniciales sospechas. De hecho, la mujer, quien a raíz de estos hechos ha tenido que recibir tratamiento, ha apuntado que las cenizas de su madre eran como de "tabaco", muy distintas de las que en su día recogió tras la cremación de su abuelo y que parecían "polvo".

También precisó de tratamiento María Jesús T. tras enterarse de que figuraba como damnificada por la incineración de su madre María Teresa, fallecida el 21 de diciembre de 2009. Para la damnificada, enterarse de las circunstancias en las que pudo ser tratada su progenitora ha supuesto "el sentimiento más crudo de su vida. Se te parte el alma, no hay palabras", ha manifestado entre lágrimas.

Eva María G.M. utilizó los servicios de los acusados para dar el último adiós a su madre y su padre, fallecidos en 2011 y 2013, respectivamente. Ha recordado, con dolor, el momento en el que besó el féretro de su madre y colocó una rosa encima que no duró ni un minuto. "¡Jolín, pensé entonces: qué gesto más feo!", ha indicado la testigo, quien ha calificado a los acusados de "sinvergüenzas".

"MI MADRE NO ERA UN LECHAZO"

"Mi madre murió de un cáncer cerebral, y apenas salimos de su duelo mi padre murió dos años después. Ambos se merecían una despedida digna, no se merecían que les hicieran eso por un puñado de euros. Mis padres no eran mercancía, mi madre no era un lechazo para meter al horno y mi padre no era un pollo", ha recriminado su hija al añadir que acudir ahora al juicio es volver a "reabrir la herida".

Otra de las damnificadas es María Luisa P, quien acudió a la funeraria investigada con motivo de la muerte de su tío Baudilio, el 14 de septiembre de 2011. A la mujer no le importa lo que hicieran o no con la caja contratada, para ella lo más doloroso es la manipulación que los acusados pudieron hacer de su cadáver, "al que quemaron sobre un palé como un pollo", imagina que "junto a otros muchos".

En el caso de Lucinia C, la afectada ha denunciado públicamente que el féretro contratado para la incineración de su esposo, muerto el 5 de octubre de 2009, no era el que vieron antes de la cremación. "Nos asustamos porque vimos que la caja no era la nuestra, estaba toda forrada de blanco", ha recordado la mujer, quien ha añadido que tampoco los empleados les autorizaron a ver la cremación porque les advirtieron de que era "muy desagradable".

Otra de la historias dolorosas la ha expuesto al tribuna María Pilar S.J, afectada por la muerte de su marido, el 12 de febrero de 2010. La declarante ha denunciado que les trataron "fatal desde el primer momento", al recordar que ya la esquela presentaba errores garrafales "que no respondían a la realidad" y que luego, pese a que la familia expresó su deseo de contar con rosas blancas, en lugar de las rojas facilitadas, se encontraron con la inicial oposición a cumplir sus deseos.

"Nos dijeron, de malas maneras, que mi marido no era un niño, aunque al final nos pusieron las rosas blancas", ha declarado indignada María del Pilar, que con motivo de tal tratamiento decidió interponer una queja ante la empresa funeraria y luego ante el mismo Obispado de Valladolid.

La jornada, última de esta semana--el juicio se reanudará el lunes con las testificales de más afectados--, ha permitido escuchar historias, también muy dolorosas, que han sido expuestas por Miguel Ángel H.M, Félix Antonio E.G, María del Carmen C, Eva María G.M, Raquel B.M, Oriol M.C. y María Begoña B.P, quien ha denunciado que los encausados "han jugado" con los muertos.

Con carácter provisional, la Fiscalía de Valladolid solicita penas que, en su conjunto, superan los 200 años de prisión por delitos de organización criminal, estafa agravada, apropiación indebida, blanqueo de capitales, falsedad documental y contra el respeto a los difuntos.

Han quedado fuera de la causa por fallecimiento el patriarca y propietario del negocio, Ignacio Morchón Alonso, y el extrabajador de dicho grupo y principal testigo, Justo Martín, quien a lo largo de años fue anotando en libretas la actividad supuestamente delictiva.

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